el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 18 de julio de 2017

TRASNOCHE CONGELADA

Me está costando mucho sentarme a escribir las reseñas. No tanto leer, pero sí encontrar el momento para redactar las reseñas y subirlas al blog… Hasta acá veníamos muy bien, con 53 entradas contra las 67 del 2016, pero me parece que de acá a fin de año vamos a tener, con suerte, una entrada por semana. Una pena.
Arranco con un fuerte aplauso para Chrononauts, de Mark Millar y Sean Murphy. Una historieta sin mayores pretensiones, divertidísima, ágil, canchera, como una buena peli de superhéroes, pero sin superhéroes. Millar concentra sus energías en hacernos reir con los diálogos, siempre frescos e ingeniosos, y en impactarnos con lo grosso, lo alucinante, lo increíblemente zarpado que es poder dominar de taquito los viajes en el tiempo. Algo parecido a lo que vimos en The Time-Travelling Tourist, pero más llevado hacia la aventura. Olvidate de esos comics sesudos en los que se indaga a fondo en los bolonquis en el continuum que producen uno o varios boludos al viajar para atrás en el tiempo. Acá se distorsiona todo, Corbin Quinn y Danny Reilly van y vienen por toda la historia de la humanidad, cambiando de lugar y de época prácticamente en cada viñeta y llevándose cosas de un período histórico a otro… y no pasa nada, es todo un gran festival de la diversión.
Y eso es lo más lindo que tiene Chrononauts: se nota que Millar se divirtió un montón mientras la escribía. Seguramente se relamía pensando en los dólares que le van a dar por llevarla al cine, pero eso no lo condiciona en lo más mínimo. Chrononauts no es un comic careta, ni frío, ni especulador, sino una especie de salvajada, donde los autores laburan con total libertad en una historia que andá a saber cuánto hay que modificar para convertirla en película. No tiene la profundidad de MPH, ni la complejidad de Jupiter´s Legacy, pero para vibrar un rato con una aventura de palo y palo, está genial.
El dibujo de Sean Murphy es super-expresivo y contribuye mucho a esa sensación de salvajada que me transmitió la obra. Murphy se debe haber vuleto loco buscando locaciones para las distintas escenas, y logra llevarnos de la prehistoria a los años ´60, del imperio mongol a la New York de la década del ´20, pasando por ocho mil épocas y lugares más, todas dibujadas de modo convincente. El color de Matt Hollingsworth está bueno, pero no hay con qué darle: Murphy SIEMPRE garpa más en blanco y negro.
Me vengo a nuestro país, a 2016, cuando El Waibe publica Super Malo, un librito de pocas páginas muy loco, protagonizado por un personaje que creó cuando tenía 5 años. Esto está dibujado así nomás, sin darle bola al dibujo. Acá lo que menos le calienta al Waibe es mostrar lo bien que dibuja. La consigna parece ser contar en poquitas viñetas (generalmente seis) estas mini-historias de este monstruo limado y otros villanos deformes, cuya humanidad aflora siempre, por más que quieran parecer crueles y despiadados.
Con el correr de las (poquitas) páginas, El Waibe va deslizando la intención de que estas mini-historias no queden ahí, en ese remate tempranero, sino que sugiere una cierta cohesión, como si se tratara de una novela, más que de páginas autoconclusivas. Pero para que esa idea llegara a buen puerto, Super Malo necesitaba una extensión mucho mayor. Y de hecho, eso es lo que menos me gustó del librito: para cuando me encariñé con Super Malo, se terminó.
El propio Waibe se suma en algún momento al elenco de la historieta, como una especie de némesis heroico de Super Malo, pero este clivaje entre bueno/malo, o personaje/autor tampoco se llega a desarrollar en profundidad. Otra creación del autor, el chico con cara de culo, aparece en una página que además es la mejor dibujada de todo el libro, pero la interacción con Super Malo no pasa de esas seis viñetas. Me queda la sensación de haber visto cómo El Waibe encontró un personaje ideal para armar algo así como un universo, en torno al cual hacer girar y evolucionar a un montón de otros personajes copados, pero le dio paja llevarlo más a fondo, construirle una base más sólida y bancarlo a lo largo de más páginas hasta que cobrara una verdadera coherencia interna, una identidad narrativa que exceda el capricho o el firulete narrativo del autor.
De todos modos en estas mini-historias de seis viñetas hay no sólo buenas ideas, sino también momentos cómicos, machaca, ternura y hasta reflexiones jugadas, profundas. Si no te la baja demasiado esa estética sucia y desprolija, mezcla de un Brian Chippendale esmerado y un Sergio Langer tirado a chanta, dale una chance a Super Malo, que a nivel argumental te va a sorprender con algunas resoluciones realmente notables.
Y hasta acá llegamos. No creo que logre postear de nuevo antes del miércoles que viene, así que será hasta entonces. A los amigos de Viedma, Carmen de Patagones y otras ciudades cercanas, los invito muy especialmente a acercarse este sábado y domingo a Comarca Fest, donde voy a estar junto a un All-Star Squadron de guionistas y dibujantes argentinos, más algún doblajista mexicano de esos que no saben qué carajo es ganarse la vida laburando honestamente.

miércoles, 12 de julio de 2017

OTRA NOCHE DE MIERCOLES

Pasan los días, la vida sigue y ya tengo un par de libritos más listos para ser reseñados en este espacio.
Arranco con una obra maestra, una de esas historietas que tiene que leer todo el mundo, incluso los que jamás se interesaron por el Noveno Arte. Las Meninas, escrita por Santiago García y dibujada por Javier Olivares, es una joya, un hito, un pico. Sin dudas, marca un antes y un después en la historia del comic español y merece trascender ampiamente las fronteras de ese país.
Santiago García despliega un arsenal de recursos vastísimo, repleto de sorpresas y de riesgos bien asumidos, para que nos adentremos en la vida, la obra y la época de Diego de Velázquez, el más renombrado pintor de la esplendorosa España del Siglo XVII. Pero va mucho más allá de eso, del mero backstage de Las Meninas, el cuadro más famoso de Velázquez. La obra de García y Olivares atraviesa como una flecha incendiaria toda la historia de las artes plásticas, de la antigua Grecia hasta la actualidad. El núcleo de la trama pasa por la vida de Velázquez, pero también están Picasso, Rubens, el Españoleto, Goya, Tiziano, Apeles, Dalí… La novela encuentra argumentos más que convincentes para vincular en torno a Las Meninas a decenas de pintores, y también a figuras históricas, en un relato que traspasa fronteras y épocas a fuerza de ingenio narrativo en estado puro.
El dibujo de Olivares es poderosísimo, su dominio del claroscuro es apabullante y cuando le pone fichas al color estalla con una fuerza realmente inverosímil. Los distintos climas, las distintas épocas, los trazos de los distintos pintores… Olivares le pone su sello personal a todo, y todo se ve magnífico. La verdad que no alcanzan las palabras para recomendar esta historieta. ¿Está un poquito estirada? Sí. Hay imágenes que podrían ocupar una viñeta en una página y sin embargo ocupan una página entera. Pero son unas imágenes bellísimas, con una potencia expresiva fuera de esta realidad.
Y me vengo, como ya es costumbre, a Argentina, de la mano de la enésima publicación aparecida en el segundo semestre de 2016. Hostil y Abyecto es el único trabajo extenso que le conozco a Fernando Baldó en el rol de autor integral, y la verdad que es una gratísima sorpresa. Además del dibujo prolijo, elegante, muy realista y a la vez muy expresivo que uno espera normalmente en una historieta de Baldó, acá tenemos a un autor en estado de ebullición, dispuesto a volcar en la página lo más oscuro, lo más jodido, lo más urgente de su mundo interior.
No quiero contar nada del argumento, pero sí advertir que Hostil y Abyecto cruza un montón de límites. Es un comic transgresor y provocativo en un montón de aspectos, revulsivo en otros y hasta revolucionario, si se quiere. Tiene ese final perfecto, que le canta "quiero retruco" al final de la etapa de Grant Morrison en Animal Man, pero hasta que llegás ahí te pega tantos sopapos y tantas patadas en la entrepierna, que ya creés que estás preparado para cualquier cosa. Hay que estar muy jugado para animarse a escribir una historia como esta.
Como detalle anecdótico, Baldó usa las caras de un montón de gente del medio de la historieta argentina para los personajes secundarios e incidentales. Podríamos estar tres párrafos enumerando a dibujantes, guionistas y periodistas especializados cuyos rasgos se pueden detectar entre el elenco de Hostil y Abyecto. A mí me toca aparecer en esa secuencia del fulbito (páginas 55 a 57), incluso con diálogos en los que Baldó me hace decir varias boludeces de las que digo habitualmente en la vida real. Supongo que este, y un montón de otros “chistes internos”, no le suman absolutamente nada al lector “de a pie” que no conoce a los “referentes” del ámbito de la historieta, pero a mí me causó mucha gracia, sobre todo la aparición de Javi Hildebrandt como modelo de ropa interior.
Si creés que ya leíste todo y que ya nada te puede sorprender, probá con Hostil y Abyecto. Te vas a encontrar con una historieta de altísimo impacto, profunda, perturbadora y con grandes chances de generar adicción, y un deseo irrefrenable de volverla a leer varias veces.
Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto.

sábado, 8 de julio de 2017

ERA UN SABADO A LA NOCHE

Bueno, por fin un rato tranqui para sentarme a escribir las reseñas de dos libros que leí en la semana. Sí, ya sé, dos libros en una semana es muy poco, pero estuve con algunas complicaciones que me forzaron a cambiar un toque la rutina…
Arranco en España, en 2012, cuando el sello 001 Ediciones lanza Materia Oscura, un maravilloso libro que recopila once historias cortas dibujadas por el maestro David Lloyd, de distintas épocas de su carrera, a veces con guiones propios y a veces en colaboración con guionistas. Hay una historia inédita (posta, Lloyd dibujó en 1978 una historieta que recién vio la luz en 2012) y el resto proviene de distintas antologías, algunas de las cuales ya tenía y otras que no conocía.
Pero esta vez no voy a hablar puntualmente de las historias que componen el tomo, ni a contarles en cuáles me parece que Lloyd se esmeró más, o cuáles tienen guiones más redondos. Me quiero centrar en el formato, porque es algo que me parece vital para este medio. Esto que hizo 001 con Lloyd, este libro dedicado a reunir la obra dispersa de un autor importante, es algo que –a mi juicio- habría que hacer con TODOS los autores grossos. O por lo menos con… 200, o 300 autores. La inmensa mayoría de los autores que nos gustan tienen, además de esa obra emblemática (en el caso de Lloyd es, obviamente, V for Vendetta), un par de obras no tan conocidas, y un montón de historias cortas, esparcidas en varias antologías. Heavy Metal, 2000 A.D., El Víbora, Fierro, Pilote, Epic Illustrated, Cairo, Skorpio, Garo, Zero Zero, Metal Hurlant… hay miles. Y en todas aparecen (o aparecían) historias largas presentadas en fragmentos, que luego se recopilaban en álbumes o novelas gráficas, combinadas con historias cortas que muchas veces quedaban ahí, relegadas al limbo de las viejas revistas hoy difíciles de encontrar, siempre difíciles de conservar en buen estado.
Por eso esto que hizo 001 es tan importante: la obra dispersa de los grandes autores no puede permanecer eternamente desparramada por 10 ó 12 antologías. Hay que reunirla, recopilarla y ponerla a circular, aunque nunca venda tanto como esos trabajos consagratorios. En el breve tiempo en que trabajé como coordinador editorial en un sello hoy extinto, tuve el placer de soñar primero y armar después tres libros al estilo Materia Oscura: uno de Solano López, uno de Esteban Podetti y uno de Juan Sáenz Valiente. Me quedó una lista de 15 ó 20 autores más para intentar algo similar. Y me quedó también la convicción, la pasión por este tipo de libros que tanto bien le hacen a nuestras bibliotecas comiqueras. Ahora falta que una editorial de habla inglesa se interese por clonar Materia Oscura, así puedo tener estas historias en el idioma en el que fueron escritas, más allá de que la edición española tenga un traductor de lujo como es Lorenzo Díaz.
Una vez más, cierro con un libro publicado en Argentina en 2016. Esta vez se trata de La Toma, una novelita gráfica escrita y dibujada por Emilio Utrera, a quien a habíamos visto el 18/02/15, cuando me tocó leer Barras vs. Hooligans. Y muy a mi pesar, tengo que volver a criticar LO MISMO que critiqué aquella vez. Utrera tropieza por segunda vez con la misma piedra: la inaceptable desprolijidad en los textos, repletos de faltas de ortografía, letras que faltan, letras que sobran, espacios entre palabras y signos de puntuación que deberían estar y no están… Parece mentira, pero a medida que Utrera va progresando como dibujante y como narrador gráfico, sigue teniendo estos problemas de principiante a la hora de llenar los globos con palabras.
Por otro lado, el argumento es muy atractivo. Es real, es picante y -gracias al regreso de las políticas económicas neoliberales- también es urgente. En La Toma tenemos intriga, acción, violencia, humor, costumbrismo, una cierta ternura, un férreo despliegue de convicciones, una bajada de línea potente y un gran cuidado por el verosímil. Con estos elementos, y con su gran solvencia para el dibujo, Utrera nos mantiene atrapados las 72 páginas que dura la obra y hasta se da el lujo de dejarnos pensando en este tema y en estos personajes una vez que cerramos el libro.
Como en sus obras anteriores, Utrera traslada a la página su agudo sentido de la observación que le permite mantener una sensación de “esto es todo real” incluso cuando desde el trazo se propone deformar a los personajes, darles una impronta más grotesca, menos pendiente de la anatomía ortodoxa. A esto hay que sumarle muy buenas ideas para la puesta en página y un manejo notable de la mancha negra y de las tramas de grises. Así es como nos queda un trabajo visualmente muy logrado, de alto impacto y de mucha solvencia desde la base hasta la superficie.
Tengo entendido que La Toma se publicó también en Fierro. ¿Alguien se acuerda si en esa edición también estaban los errores en los textos?
Y bueno, hasta acá llegamos. ¡La seguimos pronto!

miércoles, 5 de julio de 2017

SPIDER-MAN: HOMECOMING

Ni bien terminó la peli, nos miramos con un amigo ya cuarentón y acordamos: “este no es nuestro Spider-Man, es el de la generación que descubrió a los personajes de Marvel a través de las películas”. Pero está muy bien.
De alguna manera, Jon Watts logra convencernos con un Spider-Man que no se parece casi nada al de los comics de Stan Lee. No hay Daily Bugle, no hay J. Jonah Jameson, no hay Mary Jane, no hay Gwen Stacy, no hay Harry ni Norman Osborn, hay poco “canto de amor a New York”, hay cero dilemas de poder y responsabilidad, no hay ni siquiera un flashback al ya muy gastado origen del personaje y la Tía May la verdad que tiene pocos minutos en cámara (aunque bien aprovechados por una Marisa Tomei que nos cerró el orto a los que no le poníamos muchas fichas).
Sin estos clásicos elementos, para llenar 133 minutos de película hay que explotar otra faceta del personaje. Y Homecoming trabaja fuerte (y bien) sobre dos ejes: por un lado, el aspecto del Peter Parker adolescente de 15 años, inserto en una comunidad estudiantil muy orientada al palo científico, lo que hace menos ilógico bizarreadas como que un pibe que no tiene un mango logre producir el fluido arácnido. Del lado del colegio surgen un montón de personajes secundarios, de los cuales el más interesante, el mejor logrado, es Ned, a pesar de que encarna una traición grotesca a la esencia del Peter al que amamos los comiqueros.
El otro aspecto que esta película explora a fondo es eso que vimos brevemente en Civil War: el interés de Tony Stark por encauzar el enorme potencial de Spider-Man y ayudarlo a convertirse en un superhéroe capaz de jugar en Primera y romperla. Tony, Happy y hasta Pepper tienen momentos gloriosos en la peli y le dan a Spidey un muy buen anclaje con el Universo Avengers que se viene desarrollando en el cine desde 2008. Y si tenías miedo de que Homecoming se convirtiera en Iron Man VII… la verdad es que no, que Tony y su entorno tienen peso en la trama, pero el protagonista absoluto, el que crece grosso a lo largo de la pelicula, el que define en los momentos importantes, es Peter.
¿Y qué onda el antagonista? Un giro hiper-shockeante que pega el guión cuando falta media hora para el final hace que el villano levante un vuelo alucinante y pase de ser una mera amenaza a ser prácticamente el némesis definitivo de Spider-Man. No quiero contar nada para no spoilear, y como no vi los trailers, no sé qué tanto mostraron estos acerca del argumento, qué giros son sorpresa y cuáles eran obvios para todo el mundo menos para mí. Revelo un dato que se ve en los afiches: Spidey lucha con el Vulture. Y agrego (sin spoilear nada) que el personaje está muy bien construído, con una buena motivación, planes coherentes y un verosímil sustentando por las pelis anteriores de Marvel, a las que Homecoming les saca un jugo alucinante. También aparecen otros dos villanos menores de Spider-Man, aunque a uno nunca se lo llama por su nom de guerre.
¿Chistes? ¿Sobran, faltan, están bien? Están muy bien, sobre todo porque el guión se juega mucho por la estudiantina y todos sabemos que los adolescentes en plena edad del pavo garantizan una amplia variedad de situaciones cómicas. Y el propio Spidey, ya desde su aparición en Civil War, mostró condiciones para la comedia. ¿La banda de sonido? Nada demasiado espectacular, a años luz de Guardians of the Galaxy, que es la peli que más fuerte apuesta en este rubro. Acá la rompen The Ramones con su Blitzkrieg Bop, A Flock of Seagulls con su Space Age Love Song y no mucho más.
Y último parrafito dedicado a Tom Holland, gran actor, expresivo, gracioso, dinámico, heroico cuando debe serlo, una verdadera promesa que me hizo olvidar muy rápido a Andrew Garfield y a Tobey Maguire. Glorioso verlo en todas esas poses en las que vimos a Spidey dibujado por Steve Ditko, Humberto Ramos o incluso Sal Buscema y asombroso el upgrade de poder que recibe gradualmente el personaje, que maneja en dos horas una gama de recursos que el Peter de los comics tardó… 30 ó 40 años en desarrollar. Ah, las escenas post-créditos… la primera es brillante, le sube aún más la chapa al Vulture (sí, posta, el Vulture tiene muchísima chapa). Y la segunda es un chiste… efectivo, pero que no te cambia nada si te lo perdés.
En síntesis, un peliculón para los chicos que están explorando el Universo Marvel de la mano de las versiones fílmicas, y un entretenimiento más que digno, con aciertos geniales y rupturas extrañas, con poquísimos puntos de contacto con las cinco pelis anteriores de Spidey, para los fans clásicos del personaje.